
¿Y por qué no odiar tu ternura? Si con ella me sedujiste como un depredador a su más débil presa, apoderándote de mi alma, ensuciando el más inocente de mis pensamientos y peor aún robándote mi corazón.
Sin antes pensarlo te ofrecí mis abrazos, sin yo recibir la mínima caricia de tus dedos. Perdida en tu mirada te obsequié mi más sincera frase de amor, posesionándote de mí como una sutil fragancia. Hoy mi pensamiento te odia, porque mi corazón llora ya que aún te ama.